Giro de Italia: Hay que sufrir, pero al menos que sea acompañado

Luego de la etapa 17 del Giro, Tonina Pantani, la mamá de Marco Pantani, se acercó a Egan Bernal con el trofeo Senza Fine, le mostró el nombre de su hijo en una de las espirales y le susurró un par de palabras. Cuando le preguntaron qué le había dicho al colombiano, la mujer, con la voz entrecortada y conmovida, dijo: “Fue como abrazar a mi hijo”.

Pantani todavía duele. Y entonces viene una de sus tantas frases: “me caí y me levanté muchas veces, esta no sé si lo lograré”, y la nostalgia de una madre que no olvida al que iba para arriba para dejar de lado la agonía de la vida, de su vida.

Bernal posteó en sus redes el instante, y emocionado puso: “Pantani, por siempre”. El líder del Ineos recibió el apoyo y de paso un bálsamo de energía tras no pasarla nada bien, de sufrir en el ascenso a Sega Di Ala, de padecer, de mostrarse frágil, humano, como cualquier otro.

Y Bernal, más sereno que las veces que ganó, reconoció que se equivocó, que no debió salir por Adam Yates en el primer arranque, que quizá hubiera sido mejor dejarlo ir, seguir a ritmo y luego, con una última parte más suave, recuperar terreno.

Pero hay ocasiones en que la mente está tan fuerte que olvida que todo pesa en las piernas, que hasta los más grandes se quiebran, y que dejarse llevar por los impulsos, después de 16 días de pedalear y gastar, puede ser un error.

Como poner a Jonathan Castroviejo a halar del grupo apenas la vía se empinó. O pedirle a Gianni Moscon que esperara y pusiera rueda. Una serie de confusiones que a estas alturas, por fortuna, fueron permitidas. Y se olvida, con el calor de la carretera y con el frenesí de los instantes, que el verdadero rival, Damiano Caruso, viene por detrás, que es de él que hay que pegarse, como hizo para cruzar la meta.

Bernal lo sabe, y como si se tratara del confiteor, repite tres veces: “me equivoqué, me equivoqué, me equivoqué”. Y así se libra de las culpas, que al fin y al cabo no fueron tantas, pero que lo tocaron luego de venir haciendo un trabajo impecable. El resistente en esta ocasión fue el débil, el que tuvo que acompañar al otro con la mirada, una mirada desnuda, como días atrás lo hicieron con él.

La etapa 17 fue pesadilla, pero hay tiempo para despertarse, para saber que Carusso está a 2:21 y Yates, al que le encanta el sol, que sube sin inmutarse como si no estuviera haciendo un descomunal esfuerzo, a 3:23. Y malos días, por montones, lo que importa es que Bernal lo deje en uno, no permita que la suma aumente y sepa entender que hay ocasiones en que no se necesita ser impetuoso, sino rodar y aguardar, agazapado, a lo estratega, como venía siendo. Claro, está el detalle del cumpleaños de Flor Gómez, su mamá, y el hijo que quería una victoria de regalo. Y cómo culparlo, imposible. Ahora a recuperar energías, a pensar.