Cómo vivir rodeado de arte durante la pandemia

De manera paradójica, el encierro del año pasado se convirtió en un gran aliado no solo para las galerías colombianas, sino para el mercado mundial del arte, en especial el que mueven capitales importantes como Nueva York o Londres.

Por lo visto, el querer vivir en un ambiente rodeado de belleza para disfrutarlo todo el día fue un regalo que dejó este extraño momento existencial. Podría decirse que se trata de un reencuentro del ser humano con la estética y la contemplación, luego del vértigo que venía experimentando la humanidad hasta antes de marzo del 2020. De allí que, parafraseando el viejo adagio, ‘toda crisis es una oportunidad’.

Al menos así se desprende de un ciclo de charlas con galeristas bogotanos y paisas al que asistió este diario, promovido por ‘Arteria*’, el medio colombiano independiente especializado en artes plásticas, a través de su espacio de video ‘Otro Días Más’.

Para analizar cómo vivió la pandemia este sector, ‘Arteria’ invitó a tres galeristas bogotanos y una paisa. Elvira Moreno, de la galería del mismo nombre; Carlos Hurtado, del espacio Nueveochenta, y Steven Guberek, de SGR Galería, todos ellos de Bogotá. En la charla participó también Paula Builes, de la galería Policroma de Medellín.

Ellos reflejan, de alguna manera, los diferentes niveles en los que se comercializa el arte en el país, bien sea por el tipo de artista que representan o por los intereses particulares a los que se dirigen. Para los que no están familiarizados con este negocio, es algo así como una combinación de coleccionista experimentados o en ciernes con artistas consagrados o jóvenes.

“Creo que en esta cosa tan voraz del mundo del arte y de nuestro oficio, de andar de feria en feria, de inauguración en inauguración, tener que parar en seco ha sido una gran oportunidad para repensar mucho de lo que hacemos, para redireccionar y para dar timonazos certeros”, anota Carlos Hurtado.

Por su parte, Guberek recuerda que la llegada del encierro, el año pasado, los dejó atónitos, al principio, al no poder abrir sus espacios, pues este negocio “tiene una gran carga emocional”. A esto se sumó “la inexistencia del Gobierno hacia las galerías”. El bogotano, como el resto de sus colegas, tenía listas exposiciones para inaugurar en el momento en el que las autoridades ordenaron la cuarentena.

Y ante un panorama de gran incertidumbre, tuvieron que echar mano de su creatividad para seguir remando.

Guberek anota, por ejemplo, que gracias a la idea de uno de sus artistas se inventaron una promoción de 24 horas, con todas las obras al 40 % de descuento. “Entonces creamos una estrategia por las redes de la galería y del artista, y los resultados fueron maravillosos. Ese fin de semana se vendió toda la exposición. Eso es algo que yo nunca había vivido en una exposición física”. “Ahí se me prendió el bombillo”, dice el galerista que puso en marcha la misma estrategia con todos los artistas que representaba y otros invitados, cerrando el año con buenos resultados.

El galerista destaca que esto también se convirtió en una oportunidad para muchos coleccionistas, que se hicieron con obras de artistas que en otras circunstancias no hubieran podido. “En esta lógica se abrió una puerta a un nuevo coleccionismo”, dice.
Algo parecido le ocurrió a Elvira Moreno, quien debió cerrar su galería con una muestra lista para inaugurar. De inmediato apeló a una estrategia digital y de redes sociales, que le ayudó a encarar la crisis.

A su turno, Hurtado comenta que cuando la pandemia comenzó, alcanzaron a pensar que las ventas proyectadas para el 2020 se “iban a ir al suelo”.

“Lo primero que hicimos fue entender que nosotros somos mucho más que unos vendedores de objetos. Hemos construido una red que tiene intereses comunes”, dice. De esta manera se “conectaron” con sus clientes, a través de encuentros virtuales con los artistas.

“Además, montamos un modelo que les presentamos a nuestros 25 clientes más cercanos para consentir sus colecciones. Aprovechamos esta pausa para hacerles registro, estudios de conservación y catalogación, entre otros servicios”, dice Hurtado.
A su turno, Paula Builes, de Policroma (Medellín), comenta que ella se enfocó en dos frentes de acción principales: uno de corte social y otro de trabajo colectivo.

El primero se denomina ‘Arte y parte’ y busca destinar el 15 % de lo que se vende de una obra para proyectos medioambientales o de protección animal, a través de fundaciones. La galerista se mostró sorprendida con la acogida que tuvo de sus clientes.

A las diferentes ideas de negocio que nacieron se unió el fenómeno del trabajo en casa, que fue muy positivo no solo para las galerías, sino para otros sectores como el de diseño de muebles y elementos para el hogar.

“La gente se volcó a sus casas. Y la plata que de pronto tenían presupuestada para los viajes y las salidas a los restaurantes se destinó al sofá nuevo, a la biblioteca y a las obras de arte que siempre habían querido y que estaban como en un orden de prioridad diferente”, anota Guberek.

Algunos coleccionistas, complementa Hurtado, comenzaron a encontrar espacios vacíos en sus casas o vieron la oportunidad de hacerse con una nueva obra que les faltaba.