¿El centro político es un mito?

El expresidente Juan Manuel Santos podría ser considerado el padre del concepto del centro político en Colombia dentro del debate electoral. Si bien es cierto que Alfonso López Pumarejo –con la reforma constitucional de 1936 que sentó las bases para que la mujer saliera del hogar y pudiera trabajar e impulsó medidas de protección a las clases obreras– y otros exmandatarios a través de la historia pusieron en marcha en sus gobiernos algunos principios de centro, Santos fue el primero que abiertamente catalogó su mandato como de Tercera Vía. Es decir, una especie de centroizquierda de élites.

No lo hizo en su campaña de 2010 cuando le ganó al exalcalde de Bogotá Antanas Mockus con el apoyo del uribismo. En ese momento, Álvaro Uribe terminaba 8 años de gobierno con cifras de aprobación del 74 %, según una encuesta de Gallup. Cinco días después de su elección el entonces presidente electo Juan Manuel Santos dijo en el programa de televisión El Radar que su gobierno no sería uribista, ni antiuribista, ni liberal, ni conservador, si no de “Tercera Vía”.

El concepto aludía a una versión de la economía alternativa, entre el neoliberalismo y un fuerte intervencionismo del Estado. En palabras del propio Santos, la Tercera Vía se resumía en dos frases: “El mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario”. Varias de las decisiones políticas de Santos en ese momento correspondían a los principios de esa Tercera Vía que él había invocado: el llamado a la unidad;la reunión con el entonces candidato del Polo, Gustavo Petro, y la inclusión del partido liberal en su coalición de gobierno. La Tercera Vía a la que se refería Santos era la que surgió en Inglaterra a finales del siglo XX con Anthony Giddens, pensador e inspirador de la tesis popularizada por el entonces primer ministro británico Tony Blair.

Según Blair, ese modelo se nutre de las dos principales corrientes del pensamiento de centroizquierda: socialismo democrático y liberalismo. Ya en su campaña de reelección Santos abiertamente acogió este concepto político. Dos semanas antes de la segunda vuelta presidencial de 2014 y apoyado por la izquierda, el entonces presidente-candidato convocó un evento en Cartagena que contó con la presencia del propio ex primer ministro de Inglaterra Tony Blair y los expresidentes Bill Clinton, de EE.UU.; Felipe González, de España; Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, y Ricardo Lagos, de Chile. Fue en ese encuentro que Juan Manuel Santos dijo que su Tercera Vía era “la de la paz”.

En 2018 la prioridad electoral de Juan Manuel Santos era elegir un candidato que defendiera sus banderas de la paz con las Farc y que se identificara con su nueva Tercera Vía. El exvicepresidente Germán Vargas y el ex jefe negociador de los acuerdos de La Habana, Humberto De La Calle,los candidatos más cercanos a palacio, se quemaron, y surgió Sergio Fajardo como la opción más clara del llamado centro en Colombia. Santos terminó con una aprobación del 35 %, según Gallup, después de haberse posesionado con el 83% en 2010.

Aunque Fajardo perdió las elecciones en primera vuelta por un poco más de 200.000 votos, su discurso de independiente alcanzó a ilusionar con las banderas de cambio a través de la educación y la lucha anticorrupción. Una de sus grandes fortalezas era que no representaba ningún partido político tradicional y que pocos estaban interesados en cuestionar realmente lo que significaba su posición de centro. Sin embargo, Fajardo tuvo que enfrentar críticas que empezaron a encasillarlo como un político que no fijaba posiciones y que fue calificado anecdóticamente como tibio. En segunda vuelta su voto en blanco generó una cisma entre la centroizquierda y la izquierda. Petro, hasta hoy, alega que habría ganado la presidencia si Fajardo lo hubiera apoyado.

Un año y medio antes de las elecciones de 2022 algunos candidatos presidenciales son los mismos, como Fajardo y Petro, pero el debate en torno al centro como estrategia electoral es distinto porque hoy hay sectores que cuestionan si el centro existe o no como espectro político.

La relación entre competitividad electoral y “extremismo” ideológico es más compleja de lo que hasta ahora ha sugerido la sabiduría convencional política en Colombia. La idea de que hay una ideología de centro fácilmente identificable está basada en la teoría de que existe un electorado compuesto por diversas ideologías pero uniformemente racional; ciudadanos tratando de avanzar filosofías políticas coherentes.

En la vida real los partidos políticos están comprometidos con intereses, donantes y activistas que les impide conquistar a los votantes moderados, independientes y que no se identifican con ningún partido. De tal suerte que el que mejor neutralice esas limitaciones tendrá más probabilidades de ganarse a esos electores, especialmente a través de alianzas. Adicionalmente, la opinión pública se mueve en varias dimensiones ideológicas. Por ejemplo, hay colombianos que pueden estar en contra del aborto y de legalizar las drogas, pero se ven atraídos por las políticas de mayor redistribución de la riqueza y además apoyan el proceso de paz con las Farc. Otros podrían ser más progresistas en los temas sociales, pero compartir una política de seguridad y orden con firmeza y estar a favor de un capitalismo inclusivo. Nadie los representa completamente y al final lo que sucede es que cuando estos ciudadanos llegan a las urnas votan por el candidato con el que más se identifican, aunque no estén de acuerdo con todas sus propuestas.